miércoles, 18 de marzo de 2009

But I'm taking a Greyhound on the Hudson River Line, I'm in a New York state of mind...

"En vano amenazas, Muerte,
cerrar la boca a mi herida
y poner fin a mi vida
con una palabra inerte.
¡Qué puedo pensar al verte,
si en mi angustia verdadera
tuve que violar la espera;
si en vista de tu tardanza
para llenar mi esperanza
no hay hora en que yo no muera!"
--Xavier Villaurrutia.


Generalmente me expreso sobre la muerte de un modo especulativo, pero, esta entrada no es una de ellas, esta vez escribiré de la muerte tangible, cuya ausencia de presencia es inequívoca señal de la ausencia de vida.

El día de hoy murió una amiga de mi familia, Beatríz González, mejor conocida como "Concha" o "Tichi", nació un primero de enero de 1929 en Victoria de Durango y fue reina de belleza del estado, radicó en el D.F. a partir de 1954 en la Condesa en la misma calle en la cual ha vivido toda mi familia (materna) desde los 20's.

Su madre tenía una tienda de ropa femenina en la misma colonia, por lo cual se hicieron amigas de mi bisabuela y de toda mi familia, ella y su hermana también fallecida vieron crecer a mi madre y mis tíos y a mi hermana y a mí nacer, tomando en cuenta la significativa cantidad de años de convivencia, ella para mí era una especie de tía y una muy querida debo añadir.

El día de hoy pese a encontrarme en cuarentena exigida por otra enfermedad de tercer mundo que me aqueja (parece que las estoy coleccionando), me vi en la obligación de salir de mi domicilio y caminar los aproximados 70 mts que han de separar nuestras puertas para así hacer acto de presencia en su velorio.

El velorio que contó con un ataúd de madera cerrado como principal actor fue muy poco concurrido y en mi increíble ego no obstando la pena que me embarga, que no es poca, me puse a pensar en mi propio funeral, ¿cómo será mi funeral? ¿Qué será de mi materia cuando el aliento haya escapado de mí?

Escuchamos historias, a veces lejanas, a veces no, de personas cuyo hilo de plata es cortado por una infinidad de motivos, nadie está excento del tramite de cruzar la intermitente línea y cambiar del carril de estar vivo al de estar muerto, niños, abuelos, padres, madres, jóvenes, bebés, todos sin excepción estamos expuestos, dadas las condiciones adecuadas, las probabilidades de supervivencia de cualquier persona se reducen a 0 y es justo ahí donde entro yo.

Muchas preguntas entraron en ese momento, algunas nuevas, otras no, por ejemplo: ¿Cuánta gente asistirá a mi funeral? Esta es meramente egocentrista, conozco a demasiada gente y algunas incluso se atreven a llamarse mis "amigas", así que la curiosidad es bastante, pero hubo una nueva pregunta que resonó más que las anteriores y esa fue: Si muriera ahora (que no es difícil de creer tomando en cuenta que estoy coleccionando enfermedades), ¿Me iría contento y tranquilo con la vida que dejo?

Esta pregunta todos nos la hacemos en X o Y momento de nuestra vida, y la verdad es que no estoy seguro de la respuesta, sé que no le debo nada a nadie, eso me confiere cierta tranquilidad y tampoco me he arrepentido nunca de mis decisiones, inclusive hace poco tomé una que me fue muy difícil, decidí luchar en contra de todas las posibilidades y le aposté mi resto a la más mínima y perdí, pero la tranquilidad que me dejó el haber luchado hasta el último momento es algo realmente extraordinario y básicamente ese es un gran razgo de mi personalidad, o por lo menos de la forma en que siempre he manejado mi vida, pero no estoy seguro que esto sea suficiente para poderme ir tranquilo de este lado, pero tampoco entiendo en que consiste aquello que me proveerá de la tranquilidad suficiente para hacerlo. He hecho el bien y el mal, he estado en muchos lugares y he hecho muchas cosas, he vivido menos que muchos y más que otros tantos, he visto a la muerte a los ojos y he visto a la vida gestarse en otros, he construido y he destruido, he sabido ver, escuchar, hablar, sentir, oler y entender y en otras ocasiones he sido un completo y total estúpido, he cometido muchos errores, he remediado algunos, empeorado otros pero aprendido de todos.

Probablemente tendría que preguntarme también si para morir tranquilo he cubierto los requerimientos básicos de mis aspiraciones, si he logrado las metas propuestas a la fecha en la que nos encontramos y dificilmente podría dar una respuesta afirmativa, aún me falta mucho que luchar en este mundo, tantas metas que alcanzar, tanto porque y por quién pelear, tantas expectativas propias y ajenas que llenar, pero si me lo preguntan, creo que tendría que responder: Sí, sí me iría tranquilo e invariablemente tendría que preguntar: ¿me extrañarías?

Que Dios te tenga en su santa gloria Tichi, te voy a extrañar y ya nos veremos en algún momento de aquél lado.

One Love!

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