jueves, 22 de enero de 2009

I am the passenger and I ride and I ride... Singing: La la la la la la la la...

"¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?"
--Jorge Luis Borges.


Esta entrada es una especie de continuación de la anterior (Si de nada sirve vivir, buscas algo porque morir...), y me encantaría decir que es parte de una trilogía, la primera parte fue sobre el miedo, esta dedicada a la muerte, pero dudo tanto que exista la tercera parte dedicada a la resurrección, así que ni siquiera hablaré de ella pues está a años luz de este pobre condenado a la muerte en vida.

La muerte es lo único seguro que tenemos, nada es tan absoluto, ni siquiera la vida, el ser concebido no te garantiza siquiera salir vivo del útero.

La existencia no es más que un solo camino con dos carriles, no hay tres, no hay cuatro, pero estos carriles están separados por línea intermitente y es muy fácil cambiar de uno a otro a lo largo del mismo. Esta carretera existencial no es tampoco muy complicada, o estás vivo o estás muerto, pero nunca dejas de estar, la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma, y es por eso que estamos creados de lo mismo que las estrellas, por eso uno es capaz de encontrar la luna en otros ojos.

Para el hombre la muerte significa el término de algo, de su vida, quizás de un ciclo, de un lapso, de un camino, para mí la muerte no existe, no existe por que nada termina, es simplemente un proceso natural de cambio de carril, a veces se ponen direccionales, a veces no, pero no hay forma de evitarlo, ya sea para rebasar, o para sortear algún obstáculo, pero creo que el cambiar de carril, no implica necesariamente la muerte, más bien implica a la ausencia de vida.

La ausencia de vida se puede dar a muchos niveles, pero básicamente todo se resume a lo mismo, la ausencia. La mayoría de las personas buscan llenar agujeros, crear una distracción que si bien no puede ocupar el espacio vacío en su interior, lo hace por lo menos para su retina, por ejemplo, el típico oficinista de cubículo que pone un calendario con la foto de un bello girasol sobre la mampara, justo arriba de su monitor, atrevido pensamiento sería el conservar uno de verdad, pero la imagen sólo se mezcla con el inerte entorno.

La vida se puede ir en una infinidad de formas, y nosotros la dejamos escapar de otras tantas, la vida pudo habérsenos ido tiempo atrás y nunca nos dimos cuenta, sólo lo hicimos cuando alguien nos hizo notar que ya no respirábamos.

Cuándo alguien que se encontraba en el otro carril del camino debido a la ausencia de vida de pronto regresa al carril indicado, es una sensación indescriptible, es cómo ver la luz después de una noche eterna, es increíble cuando la sangre vuelve a correr por las venas, sangre de vida, capaz de llegar a todas las células del cuerpo y reanimar hasta la punta del último cabello. El corazón bombea a su máxima capacidad y está destinado a apresurar su marcha cuando el motivo que le hizo despertar de su letargo se encuentra cerca. La vida vuelve con un aumento de ritmo cardíaco y paradójicamente con una pérdida de aliento.

Pero, ¿qué pasaría cuándo después de volver a la vida, se tiene que volver al carril de la ausencia?

Hay corazones que poseen mayor fortaleza que otros, y son capaces de funcionar a la perfección después de varios cambios de carril, hay otros que no, que cada vez que atraviesan sobre la intermitente línea amarilla de separación pierden fuerza y terminan atrofiándose.

La ausencia de vida es algo tan natural en la existencia como la vida y la muerte, es la transición, es el intermedio y es por eso que es tan destructiva, es capaz de arrancar al sol del día y a la luna de la noche, porque ciega, ciega y pierde al conductor que tan sólo busca hacer de ese camino lo mejor posible, pero claro, no es el único motivo de ceguera, no sólo la oscuridad, también demasiada luz hace lo propio en las pupilas y el oído generalmente es muy torpe para poder guiar al conductor por el carril correcto, salvo contadas y magníficas excepciones claro está.

Oh the passenger,
Oh how he rides,
Oh the passenger
He rides and he rides,
He looks through his window,
What does he see?
He sees the bright and hollow sky,
He sees the stars come out tonight,
He sees the city's ripped backsides,
He sees the winding ocean drive,
And everything was made for you and me,
All of it was made for you and me,
Cause it belongs to you and me,
So let's take a ride and see what's mine...

Para dejar de jugar entre carriles es necesario encontrar más causas de vida, pero, ¿qué pasa cuándo una causa de vida es la que nos sacó del carril correcto?

One Love!

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