lunes, 14 de abril de 2008

Back and forth through my mind behind a cigarette...

“Se Respira Respeto”. Hay muchas mantas en las cuales se puede leer este tan bonito y pegajoso slogan, es de color verde y tiene la foto de un infante de no más de un año y medio, probablemente lo habrán visto fuera de antros y bares así como de oficinas y bancos, una campaña muy linda para concienciar a la gente sobre la Ley Antitabaco”.

“Se Respira Respeto”, curiosamente esa frase es, digamos dispareja, yo fumador respiro tu respeto pero no el mío.

Si bien es cierto que aproximadamente sólo el 30% de los mexicanos fumamos, también es cierto que eso es poco más de 30 millones de mexicanos que por el momento somos considerados ciudadanos de cuarta con el riesgo latente de convertirnos en criminales por ejercer una libertad que está garantizada en la Constitución Política de Los Estados Unidos Mexicanos, en el Artículo 1ero. 3er párrafo: QUEDA PROHIBIDA TODA DISCRIMINACION MOTIVADA POR ORIGEN ETNICO O NACIONAL, EL GENERO, LA EDAD, LAS DISCAPACIDADES, LA CONDICION SOCIAL, LAS CONDICIONES DE SALUD, LA RELIGION, LAS OPINIONES, LAS PREFERENCIAS, EL ESTADO CIVIL O CUALQUIER OTRA QUE ATENTE CONTRA LA DIGNIDAD HUMANA Y TENGA POR OBJETO ANULAR O MENOSCABAR LOS DERECHOS Y LIBERTADES DE LAS PERSONAS.

Citar a la constitución podrá sonar extremo y exagerado, ¿por qué tanto alboroto si tan sólo no se puede fumar en lugares cerrados? Cierto, si un no fumador y un fumador se encuentran en el mismo restaurante y el fumador al terminar sus alimentos enciende un cigarro es posible que moleste al no fumador mientras el aún se encuentra ingiriendo sus alimentos o degustando su cafecito, no todos somos iguales y no a todos nos gusta lo mismo.

Ambas partes en este conflicto tienen la razón, yo como fumador no estoy en contra de no soplarte el humo de mi cigarro, estoy en contra de una ley que se sacó a manera “express”, sólo para ganarle a la Federal, sin siquiera reparar en todas las fallas que tenía ni en las posibles reacciones adversas que provocaría.

Todos somos mexicanos y como tales debemos de coexistir y convivir en armonía, el problema es que los fumadores tenemos que coexistir forzadamente, tenemos que cambiar nuestros hábitos y preferencias para poder estar en el mismo lugar que los no fumadores; yo soy una persona que sale mucho, bares, antros, fiestas, restaurantes, cafés y en todos ellos acostumbraba fumar, ahora para acudir a uno de esos lugares tengo que prescindir de una preferencia o gusto que yo más bien diría placer, para poder coexistir y entrar en el ambiente de “respeto”, tengo que salir del lugar para fumar o simple y sencillamente no soy una persona deseada en el lugar al que por cierto voy a consumir y gastar mi dinero.

¿Cómo es posible que se apruebe una ley sin reparar en las consecuencias que provocará? Es cierto, sólo un 30 % de la población fuma (claro si el dato no está amañado), en una país de más de 100 millones de mexicanos, en los cuales la mitad son infantes y no entran en las estadísticas, metafóricamente hablando más de la mitad de los adultos fuman, así ya no somos tan minoría, ¿verdad? Bueno, quedémonos en que somos minoría, bueno, pues la ley que fue aprobada y entró en vigor el 3 de marzo, discrimina a más de 30 millones de mexicanos y ese no es el único problema, los bares, restaurantes y antros por ejemplo, hablando que por lo menos el 50% de su clientela fuma, es cierto que no todos son del tipo extremista y dejamos de ir a lugares cerrados por no poder fumar, que tal que sólo la mitad lo decida así, los locatarios estarían perdiendo el 25% de su clientela regular, más las pérdidas por la inhabilidad de vender cigarros, es un 25% o hasta 30% que no sólo pierden ellos, tampoco se declaran y no se pagan los respectivos impuestos, ¿de dónde sacará el gobierno ese dinero, subiendo los impuestos, o poniéndoselos a alimentos y medicinas?

Sólo en las calles podemos fumar, aparte de las múltiples quejas de los dueños de los establecimientos por gente que se pasa de lista y con la excusa de salir a fumar abandona el local sin pagar su cuenta causando merma a los restaurantes, los que sí se quedan a fumar se exponen a una infinidad de problemas, desde posibles atracos hasta el hecho de no sólo darle el golpe al cigarro propio, si no también al escape de infinidad de vehículos automotores y ese no es el problema, las colillas de cigarro que han aumentado su población en las aceras de la ciudad aparte de presentar un grave problema para el personal de limpia cuyo servicio de por sí es ineficiente, también resultan ser la principal causa por la cual se tapen las alcantarillas del Distrito Federal.

Con tantos puntos en contra parece imposible que sólo una pequeña fracción parlamentaria esté buscando reformas a esta ley mal hecha, discriminatoria y atropelladora de derechos, en fin, no queda mas que tramitar nuestros amparos y rezar para que Jah ilumine el camino y despeje el sinuoso camino de sombras que se encuentra en las personas que están a favor de esta coexistencia forzada en la cual “Se respira Respeto”.

Dato curioso, una persona promedio respira en un año unos 720 gramos de heces fecales, eso sin pensar en el plomo, asbesto, mercurio, monóxido de carbono, dióxido de carbono, ozono y tantas y tantas cosas que se alojan en nuestros pulmones con el simple hecho de respirar en la calle.


One Love!